2 abr. 2013

Ajuste de cuentas

Y bueno, afortunadamente esa semifinal se ganó con facilidad.  Supongo que el haber escrito "Miedo" en mi teléfono, ya tirado en una colchoneta después de haber salido del problema del carro tirado tuvo que imprimir algo especial en el relato, algo que se transmitió a los lectores y tuvo su efecto positivo.

Creo que "Miedo" fué mi cúspide en ese concurso, me gustó mientras lo escribí y me gustó en cuanto lo terminé.  No tuvo casi ningún cambio en la revisión antes de enviarlo y aún me sigue gustando tal como está.

Ya estaba en el último peldaño, la final.

Hay que aclarar en este punto que durante todo el concurso, ninguno de los votantes supo el nombre del autor de ningún relato.  En un principio se publicó los nombres de quienes concursaríamos pero la autoría de cada relato se daría a conocer hasta terminada la final.  De esta manera se buscó que las votaciones se centraran objetivamente en la calidad del relato, su tema y su construcción, sin que algún votante se inclinara por una amistad sin realmente darle peso al relato.   No es descartable que algún concursante haya informado a sus amistades cuál era su relato en la respectiva etapa, pero afortunadamente, si hubo casos, no pesaron en el resultado final.

Como lo expliqué en la entrada anterior, la semifinal fué para mí el reto mayor, me hubiera dolido más quedarme tirado en la semifinal que en la final, y eso creo que se reflejó en mi tranquilidad para crear el último relato.  No sé si fué que me hubiera importado poco quedar en segundo lugar o si igual me hubiera puesto como la gran puta si eso pasaba, pero por alguna extraña razón ya me sentía muy relajado a la hora de hilvanar "Ajuste de Cuentas"

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Ajuste de Cuentas

El corazón palpitaba demasiado rápido mientras metió primera. Apretó los labios y volvió a encender el radio. Muy despacio sacó el pedal de clutch y presionó un poco el del acelerador, lo justo para iniciar la marcha sin pasar los 20 km/h. El semáforo siguiente se puso en rojo y su corazón no dejaba de querer salir por la garganta. A cuenta de qué estaba metido en esa situación? “Una cosa lleva a la otra”, dicen. Mientras pensaba uno a uno los nombres de santos que su abuela le enseñó, la patrulla se volvía a acercar a él; y el maldito semáforo todavía en rojo.
Sabía que había corrido con suerte porque a las 10 de la noche era demasiado raro que sólo pidieran su licencia y la tarjeta del carro, sin una revisión mínima del carro ni una linterna apuntando hacia el interior. Mientras detrás de él yacía una pistola.
“Era un delincuente” dirán muchos, pero eso a la ley parece ya no importarle.
Al fin el semáforo en verde, la patrulla se estacionó frente a un bar en cuya puerta había 4 borrachines discutiendo airadamente sobre algún tema muy importante para ellos.
Viró en esa esquina y comenzó a respirar un poco más despacio. Ya había pensado dar un par de vueltas antes de llegar a casa, pero estaba demasiado asustado y pensaba tirar el arma en el puente. La camisa con sangre salpicada sería su empaque hacia el fondo del barranco.
Aceleró más, mientras ensayaba la sonrisa con la que entraría a casa, le daría un beso a ella y tomaría un baño caliente tratando de ocultar todo el asunto. Le dijeron que no habría problema, que sólo era uno, que muerto él las extorsiones terminarían. Suspiró profundo mientras verificaba los puestos militares vacíos antes del puente.

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