7 jul. 2010

Una noche para doler


Y si sí soy el que causa tu dolor? y si es cierto que me vence rápido el enojo y la desesperación porque las cosas no salen para nada bien? y si siempre se puede esperar un poco más hasta que las cosas se puedan arreglar?  y si sí se puede ignorar la incomodidad de los reclamos y el dolor de las desconfianzaas y confiar en que no pasa nada malo por los constantes cambios de humor, actitud y opinión?  y si sí soy yo el que te regaló dolor y traición?
Es horrible el miedo de ser causante de dolor y tristeza.  Así me siento hoy que me rebota por todo el cráneo la idea de que realmente estás mal, que empezaste a estar mal estando conmigo, y que yo no haya sido capaz de ayudarte con eso, y que, encima de todo, lo que haya hecho yo sea nada más un escape por comodidad y una renuncia prematura a lo difícil que se estaba haciendo ser tu soporte y  tu fuerza.
Sin embargo, me repito una y otra vez, no sé si por querer consolarme o por qué mierdas, que lo posible fué hecho, y que de seguir luchando por ser soporte, escape, fuerzas, panacea, o lo que pudiera ser, nada más me hubiera llevado a estar peor ahora, y causar aún más daño y trastorno a una situación que tuvo su origen mucho antes de entrar yo en tu vida.  Me repito minuto a minuto, que lo que estuvo en mi capacidad, es justo lo que fué hecho, y que si me sigo haciendo las mismas preguntas voy a llegar al trastorno y la desesperación, y que escasamente lograría sacarle provecho al trastorno y obtener experiencia aplicable para nuestro camino futuro, o para el camino por andar con quien sea.
Hace cuánto no sentía un par de lágrimas queriendo tomar un poco de aire?  Este retorcijón de venas y arterias apretando mi pecho y virando por completo mi mente para tratar de contestar las preguntas de un corazón que no sabe por qué espacio intercostal puede salir a abofetearme, porque el sentimiento había estado muy claro y muy constante, hasta que se me ocurrió dudar de lo que no tiene por donde ser cuestionado.
No quiero seguir; si tan sólo pudiera sentarme a la orilla del camino y esperar a que la culpa y el reproche pase de largo, así podría dibujar otro camino tangencial que se adentre en cualquier bosque o montaña que haya por delante, sin tener que seguir viendo para atrás, o apurando el paso para que no me alcancen.
Ahora el cerebro y el corazón están en franca pelea, tratando de imponerse sobre el contrincante, sin darse cuenta que los motivos de su pelea son los mismos, pero, como siempre, entre los dos no puede haber buena comunicación; precísamente como nos sucedió a nosotros dos, y el desgaste logrará hacerlos caer, hundirse y tenderse en el charco de las propias dudas y preguntas, sin que se vea nada más claro que ayer u hoy.

(imagen tomada de http://www.dosisdiarias.com/)

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