27 jul. 2010

Estrellas y deseos

Grillos, unos cuantos sapos y quien sabe cuántos animales nocturnos, junto a los constantes motores de los aires acondicionados de los cuartos son lo que acompañan el acompasado vaivén de mis pensamientos. El cielo está nublado y detrás de esas nubes deben estar las estrellas que nos acompañan cada noche, pero que, como hoy, no siempre podemos ver. Seguramente las nubes no son obstáculo para ellas, así como nuestros deseos, están allí.... Así como mis deseos, están perpetuamente, con su brillo habitual y normal.

Mis deseos, mis pensamientos.... A veces ni yo he sabido cuáles son, ni cómo distinguirlos o cómo cumplirlos. Ese nombre que llevan impresos me acompaña en mis sueños y meditaciones. Tu nombre, ese sonido hermoso que hace eco entre los árboles y se mezcla en el aullido del viento entre las ramas; tus ojos reflejados en las estrellas que lanzan su luz contra las nubes.

Maldíta distancia, millas y millas que nos separan y hacen que parezca insignificante la impotencia de no poder decirte lo que siento al oido; de no poder desnudar mi corazón y entregarlo completo en tu manos.

Acortar estas millas es tan fácil como esperar unos días y soportar un largo viaje de regreso, pero mis deseos ignoran el viaje, y se estrellan en la barrera de tus miedos. Ahora son también mis miedos, pues el no tener un acceso a vos hace mella y junto al crecimiento de mi sentimiento hace ver más grande la inaccesibilidad a tus labios.

Deseos, estrellas; comparables en lo distante, en lo grande y en lo bello. Viajar, llegar, estar de nuevo en lo confortable de sentir tus brazos. La diferencia es que mañana las estrellas serán invisibles, pero mis deseos persitirán, contra la distancia, contra las nubes, contra mis miedos.

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